En cada reforma nos enfrentamos a un mar de opciones de materiales. Más allá del color o el precio, en nuestro estudio de arquitectura nos preguntamos: ¿Qué está respirando la familia que vivirá aquí? Muchos productos de construcción utilizan aditivos sintéticos que, con el tiempo, liberan compuestos orgánicos volátiles (COV) y otros químicos que pueden afectar la salud.
El formaldehído presente en algunos aglomerados o los ftalatos en ciertos plásticos son ejemplos de sustancias que, a largo plazo, pueden actuar como disruptores endocrinos o incluso carcinógenos. Por eso, nuestra misión es guiar a nuestros clientes hacia opciones más saludables. En Francia, por ejemplo, es obligatorio etiquetar las emisiones de COV de los productos de construcción con una clasificación de la A+ (muy bajas) a la C. Nosotros adoptamos este criterio como propio.
Nuestra selección prioriza los materiales naturales: pinturas de cal, silicato o arcilla; barnices de aceites vegetales y ceras; maderas macizas; y suelos cerámicos de poro abierto. Estos materiales no solo emiten menos tóxicos, sino que además regulan la humedad y reducen la electricidad estática, creando ambientes más confortables. No se trata de renunciar a la tecnología, sino de elegir los productos que mejor se adaptan a una vida saludable.
Creemos que la elección de materiales es una declaración de intenciones. Al optar por acabados que priorizan la salud, estamos construyendo no solo un espacio, sino un entorno que respeta y potencia el bienestar de sus habitantes. Una reforma no debe cambiar solo la estética de un hogar, debe mejorar la vida de las personas que lo habitan.
