A menudo se habla de eficiencia energética como un mero cálculo de consumos. En nuestro estudio, vamos más allá. Entendemos la envolvente del edificio —su fachada, cubierta y carpinterías— como la «piel» que no solo regula la temperatura, sino que también protege la salud de sus habitantes. El mejor ahorro energético es aquel que no se consume, y eso se logra con un diseño pasivo inteligente.
La inercia térmica de materiales como la piedra o la cerámica, combinada con un buen aislamiento, nos permite mantener el confort sin depender tanto de sistemas activos. Pero no cualquier aislamiento vale. Apostamos por sistemas SATE (Sistema de Aislamiento Térmico Exterior) transpirables, como los de fibra de madera o corcho, que permiten que el vapor de agua generado en el interior se evapore al exterior, evitando condensaciones intersticiales que pueden provocar la aparición de hongos.
Una rehabilitación integral de la envolvente no puede obviar las carpinterías. Pero sustituir ventanas sin más puede generar problemas si no se reconsidera la ventilación. Al ganar hermeticidad, el aire ya no se renueva a través de las rendijas, por lo que debemos diseñar una ventilación controlada que asegure la calidad del aire interior. Es un todo: la fachada, las ventanas y la ventilación trabajan en equipo.
Nuestro enfoque es sistémico. No se trata de aislar más, sino de aislar mejor, entendiendo cómo interactúan los materiales y cómo se comportará el edificio en todas las estaciones. Una envolvente bien diseñada no solo reduce la factura energética, sino que crea un ambiente interior estable, seco y saludable, protegiendo tanto a las personas como al propio edificio.
