En el confort invernal, la forma en que calentamos nuestros espacios importa tanto como la temperatura que alcanzamos. En nuestro estudio, priorizamos los sistemas de calefacción por radiación sobre los de convección (aire). La razón es biológica y también práctica. Mientras que un sistema de aire caliente reseca el ambiente, genera corrientes indeseadas y moviliza el polvo, la calefacción radiante calienta directamente los objetos y a las personas, creando una sensación de bienestar más profunda y homogénea.
Esta forma de calentar es más eficiente porque permite mantener el termostato a una temperatura más baja. Además, al no depender del movimiento del aire, podemos ventilar con más frecuencia sin perder tanta energía, garantizando así un aporte constante de oxígeno. Es la combinación perfecta entre confort térmico y calidad del aire, dos pilares fundamentales para la salud.
En la rehabilitación, implementar un suelo radiante puede ser un desafío, pero existen alternativas como los paneles radiantes en paredes o techos. Nuestra labor consiste en encontrar la solución más adecuada a la estructura y necesidades del proyecto, siempre buscando maximizar el confort. También prestamos atención a los materiales de acabado. Un suelo de madera, con su baja conductividad térmica, ofrece una sensación de calidez al tacto muy superior a una baldosa cerámica, que «roba» el calor del cuerpo.
Para nosotros, la climatización no es solo una instalación. Es una herramienta que debe trabajar en armonía con la envolvente y la ventilación para crear un ambiente que no solo sea cálido, sino también respetuoso con nuestro sistema biológico. Por eso, cada vez que diseñamos una calefacción, lo hacemos pensando en el bienestar global de las personas.
