Cuando pensamos en rehabilitar, a menudo nos centramos en lo visible: la cocina nueva, el baño renovado. Pero existe un peligro invisible que puede estar presente en tu hogar: el gas radón. Este gas radiactivo se origina de forma natural en ciertos tipos de suelo y puede filtrarse a los edificios a través de grietas en los cimientos y soleras, concentrándose especialmente en sótanos y plantas bajas.
La OMS lo clasifica como la segunda causa de cáncer de pulmón después del tabaco, por lo que su control es crucial. Afortunadamente, el Código Técnico de la Edificación (CTE) ya establece límites de exposición y, gracias a los fondos Next Generation, existen ayudas para abordar su mitigación. En nuestro estudio, consideramos que medir y proteger frente al radón es un acto de responsabilidad.
La solución más efectiva es preventiva: instalar una barrera impermeable al gas en todas las superficies en contacto con el terreno. Esto incluye no solo las soleras, sino también los muros y, lo que es más complejo, los puntos de paso de las instalaciones de saneamiento. Se trata de crear un «paraguas» que impida que el radón entre al edificio. Una puesta en obra impecable es clave, ya que cualquier pequeño punto de entrada puede comprometer todo el sistema.
Además, la ventilación juega un papel fundamental para disipar el gas en caso de que se concentre. En nuestro estudio, siempre recomendamos realizar mediciones específicas, especialmente en municipios con alto potencial de radón. Al final, abordar este problema no solo es una cuestión de normativa, sino de garantizar un espacio de vida seguro y libre de riesgos para las generaciones futuras.
