En nuestra práctica arquitectónica, a menudo pasamos por alto las instalaciones eléctricas, asumiendo que su única función es llevar energía a los puntos de luz. Sin embargo, una instalación eléctrica deficiente puede generar campos electromagnéticos que interfieren con los impulsos eléctricos de nuestro propio cuerpo. Desde nuestro estudio, abordamos la instalación eléctrica como un elemento clave para la salud, buscando reducir esta exposición.
El primer paso es garantizar una correcta toma de tierra con una resistencia muy baja (inferior a 10Ω). Esto no solo es un requisito de seguridad, sino que permite disipar los campos eléctricos que se generan en los cables. Muchas instalaciones antiguas carecen de este sistema o tienen una conexión deficiente, por lo que en cualquier rehabilitación, revisar y actualizar el cuadro eléctrico y la derivación a tierra es una prioridad.
Pero no nos detenemos ahí. Proponemos estrategias de «higiene electromagnética» en el diseño. Por ejemplo, ubicamos los puntos de luz y los electrodomésticos alejados de las cabeceras de las camas. Además, utilizamos mecanismos como telerruptores que permiten cortar el paso de corriente a los circuitos cuando no hay demanda, evitando la generación de campos eléctricos en cables que no se están utilizando.
Creemos que es posible disfrutar de la tecnología sin renunciar a un entorno saludable. Nuestro objetivo es diseñar instalaciones eléctricas que sean seguras, eficientes y, sobre todo, que respeten el bienestar de las personas que van a convivir con ellas. Una buena instalación es aquella que pasa desapercibida, sin generar interferencias ni molestias en nuestra vida cotidiana.
